El Príncipe (Nicolás Maquiavelo)

El principado pueden implantarlo tanto el
pueblo como los nobles, según que la ocasión
se presente a uno o a otros. Los nobles, cuando
comprueban que no pueden resistir al pueblo,
concentran toda la autoridad en uno de ellos y
lo hacen príncipe, para poder, a su sombra, dar
rienda sucita a sus apetitos. El pueblo, cuando a
su vez comprueba que no puede hacer frente a
los grandes, cede su autoridad a uno y lo hace
príncipe para que lo defienda. Pero el que llega
al principado con la ayuda de los nobles se
mantiene con más dificultad que el que ha llegado
mediante el apoyo del pueblo, porque los
que lo rodean se consideran sus iguales, y en tal
caso se le hace difícil mandarlos y manejarlos
como quisiera. Mientras que el que llega por el
favor popular es única autoridad, y no tiene en
derredor a nadie o casi nadie que no esté dispuesto
a obedecer. Por otra parte, no puede
honradamente satisfacer a los grandes sin lesionar
a los demás; pero, en cambio, puede satisfacer
al pueblo, porque la la finalidad del
pueblo es más honesta que la de los grandes,
queriendo éstos oprimir, y aquél no ser oprimido.

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